En busca de apoyos eléctricos

Una semana más con el Leaf nos sirve para estar cada vez más convencidos de lo cerca que está de nosotros la movilidad del futuro: en cualquier concesionario que venda coches eléctricos. El Leaf es práctico, rápido, silencioso, muy cómodo y seguro y, aunque tiene detalles que se van a seguir mejorando, como segundo coche de una familia es inmejorable, aunque como primer coche tiene la pega de la autonomía, limitada a unos 130 kilómetros en uso real.

Apurando autonomía

Lo comprobamos en un viaje a Xeraco desde Valencia, para comer en buena compañía. Son poco más de 60 kilómetros, pero si queremos ir y volver con una sola carga, hay que conducir con mucha suavidad, y también un poco más lento de lo habitual, aunque esto nunca viene mal, dada la densidad del tráfico. Lo preocupante es que, al activar en el navegador la situación de los puntos de recarga disponibles, en la zona no aparece ninguno. Un vistazo al mapa más actualizado que conocemos (smartmaps.com), nos desvela que sólo los concesionarios Nissan y Renault, grandes valedores del coche eléctrico, y algunos parkings de reciente construcción tienen toma de recarga, totalmente alejadas de nuestro destino.

Cero a los Ayuntamientos

Es preocupante que muy pocos Ayuntamientos hayan tomado la iniciativa de comprar coches de este tipo e implantar cargadores en sus áreas de influencia. Está claro que son más caros que un coche convencional, pero su uso es mucho más confortable, barato y para un Ayuntamiento, no había problema de autonomía. Nuestra Comunidad tampoco ‘premia’ a los que gastan más en un coche eléctrico. Nuestro Leaf lleva un adhesivo que ha enviado la DGT que señala que es un coche de cero emisiones. Con él podemos circular por el carril de alta ocupación en Madrid, aparcar en la ORA con un coste más bajo en la capital o recargar en puntos de recarga urbanos en Barcelona, pero nada de eso en Valencia.

Así que volvamos a la realidad. Tras llegar a Xeraco con un 48 por ciento de batería restante teníamos dos opciones: volver sin cargar, algo que podríamos lograr conduciendo con cuidado pero con algo de ansiedad, o cargar la batería. Optamos por lo segundo, y gracias a un alargador enrollable que habíamos previsto, pudimos aumentar la carga en un par de horas y alcanzar casi el setenta por ciento. En el regreso detectamos mucho menor consumo, debido a que el aire acondicionado, que tenía que enfriar menos con respecto a la temperatura ambiente, y al final logramos recorrer 130 kilómetros sin problemas y con menos de dos euros de coste frente a unos ocho que hubiera costado con un diesel y 11 en gasolina.

Todo un ahorro

Ésta es la clave del coche eléctrico: su excepcional ahorro combinado con la ecología de la electricidad. Lo primero hay que saber aprovecharlo en toda su amplitud. Ya que el coche lo vamos a cargar casi siempre en casa es mejor contratar una tarifa nocturna. Además podemos ver en qué parkings se puede recargar y derivar nuestras compras hacia estas zonas. En Valencia algunos centros comerciales tienen puntos de recarga que supondrán un pequeño ahorro en nuestras compras y un ‘premio’ para aquéllas empresas que empiezan a valorar a los conductores ecológicos.

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