Tan bueno como un compacto, pero eléctrico

Durante esta segunda semana con el Leaf hemos sometido a nuestro coche a lo que los profesionales llaman un ‘test de stress’, aunque más bien el stress fue para nosotros, no para el coche, ya que pensábamos que no llegaríamos a nuestro punto de carga, generando, más que ansiedad, un poco de ‘temor al cachondeo’ por si nos quedábamos ‘tirados’ en la ciudad.

Tras una mañana de mucho trasiego la autonomía llegó a 10 kilómetros, momento en el que el coche deja de marcar los kilómetros restantes. Con unos recados todavía por hacer y confiando en que la autonomía siempre dura más de lo que dice el indicador, nos pusimos a conducir de forma delicada para marcar 18 kilómetros antes de llegar al periódico y volver a cargar. En total recorrimos 129 kilómetros con una carga a muy buen ritmo y con el aire acondicionado a tope casi todo el tiempo, lo que nos hace ver que, con una conducción normal, este Leaf superará los 150 kilómetros de autonomía que ya están logrando varios de los conductores/probadores.

Energía limpia renovable

Otras reflexiones nos vienen a la mente durante la prueba, y es que este coche utiliza energía renovable. En un coche gasolina o diesel, cada kilómetro recorrido supone una merma de las reservas de petróleo del planeta, que tarde o pronto se acabarán, de eso no hay duda, y de hecho puede que para nuestros hijos sea un bien muy preciado, aparte de los desequilibrios políticos que el petróleo genera en el mundo. En cambio un coche eléctrico utiliza energía habitualmente limpia y renovable, ya que en la producción eléctrica se utilizan muy pocas fuentes contaminantes, y las que lo hacen, como las centrales nucleares, tienen un residuo difícil de tratar, pero que no perjudica al medio ambiente ni a la salud de las personas de forma directa como lo hace el dióxido de carbono que genera la combustión en un coche. En resumen: un eléctrico es mejor para el ambiente y para el planeta.

Reflexiones aparte, el Leaf es un coche perfecto para el día a día en la ciudad y en trayectos interurbanos, aunque, como todos, tiene sus cosillas. Por ejemplo, como no hace ruido Nissan le ha puesto un sonido cuando insertamos la marcha atrás, un ‘ding-ding’ similar al que tienen los camiones que es muy molesto, y que hay que quitar pulsando un botón cada vez que ponemos la marcha atrás. El ordenador de abordo tiene su control algo alejado del cuadro de mandos y la tapicería es un poco calurosa. Aquí terminan las pequeñas pegas de ‘tiquismiquis’. En positivo, el aire acondicionado enfría mucho más rápido que en un coche con motor convencional y alcanza con rapidez las plazas traseras, el cuadro de relojes es muy práctico, con una parte superior para la velocidad muy visible y unos indicadores de carga y autonomía fáciles de leer y la ergonomía es perfecta.

La carga del coche es sencilla, y eso que estamos utilizando el cable que ‘menos carga’ de todos los disponibles. Con un cargador ChaDeMo se puede recargar en media hora el 80 por ciento de la carga, y con uno que aproveche toda la capacidad de la toma original, también se reduce el tiempo. Nosotros nos apañamos con el convencional tipo Schuko, que permite cargar en cualquier sitio, incluso en centros comerciales que ofrecen este tipo de carga en sus aparcamientos.

Casi sin querer nuestro Leaf acumula ya más de 500 kilómetros y está pasando por diferentes manos para que, cada vez más usuarios, conozcan sus ventajas, el principal cometido de esta prueba.

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